ALFOMBRAS VOLADORAS

[cuatro notas de orden simbólico]

1

Tan pronto evoco mi breve encuentro con Francisca Benedetti, lo primero que viene a mi memoria es una facultad prodigiosa de falta de atención. Parecía no estar del todo en lo que decía y mucho menos en lo que uno podría decirle. Dialogaba en silencio, consigo misma. Este arte de platicar para sus adentros antes que con el otro aparecía de manera sintomática. Y esa aparente distracción, o mejor dicho esa falta de atención al presente inmediato, introdujo una distancia que permitió situarnos, provisionalmente, aparte y al amparo del tiempo.

La obsesión es un gesto que señala la frágil naturaleza de los objetos. En este sentido, la combinación de las formas geométricas, específicamente el triángulo (ya sea en su vertiente derecha o invertida) configura una composición que refiere a la abstracción, y en el caso específico de la artista, al trabajo frecuentemente omitido de las llamadas mujeres del Bauhaus. Para ellas lo esencial era hallar el centro, definir el punto: retículas, formas minuciosas y la fruición de una mano que delinea instrucciones en un círculo. Pero si el ser humano es una unión de contrarios no puede tener ningún sentido el círculo que simboliza la unidad y la perfección. Todo se le escapa: el triángulo, el cuadrado, la estrella de cinco puntas y el sello de Salomón. Y si el ser humano en efecto ha nacido espiritualmente, se mantiene en secreto la figura, correspondiente al número 3.

2

Una de las cosas que destaca con mayor luminosidad en estos trabajos no es la experiencia estética que producen sino el hondo simbolismo que albergan. La gema simbólica, tan poco valorada por quienes postulan un racionalismo riguroso, se plantea en estos dibujos como un fundamento o idea en su sentido más originario. A través de ella vinculamos al ser con la vida, creamos lenguaje, inventamos mundos, jugamos, sufrimos, cambiamos y nacemos. Quizá por eso ver el símbolo suponga morir o al menos despertar de nuevo al olvido.

3

El triángulo corresponde a este número y no puede ser extraído sino en relación con otras formas geométricas. Boecio lo llamaba la primera superficie: toda figura, si se hacen partir unas líneas de su centro hasta los ángulos, puede ser dividida en varios triángulos. El triángulo es también la base de formación, por dar un ejemplo, de las pirámides mayas. Divinidad, armonía y proporción, a menudo nos encontramos esta figura pues también se emplea como talismán contra las malas influencias. Glifo del rayo solar, análogo al naciente germen del maíz, cuando rompe la superficie se emparenta al sol volviéndose un doble sentido de fecundidad.

fuego y masculinidad                                                                 agua y femineidad
(Purusha y Prakriti)                                                                 (Shiva y Shakti)

Alquímica del fuego,
también del corazón
(linga y yoni / sattva y tamas)

4

Triangulo → montaña o caverna:
dos manos se estrechan como el cordón andino hasta encontrarse con el Océano Pacífico. Una serie de abruptos faldones estrellados o la geografía sentimental de un abrazo que bien podría evocar el hallazgo geométrico de los pueblos precolombinos. La metáfora asociada al triangulo es el desprendimiento de una larga cadena de relaciones que apuntan, finalmente, a lo mismo: el arte concebido es una forma de vida que dialogada en el símbolo y visitada en el mito se revela como una poética integral. De ahí que a través de estas obras la artista se abandone para dar paso a algo universal, comprendido, recreado y divulgado desde siempre.

Juan Yolin